sábado, 8 de enero de 2011

Franz y las flores

-En realidad siempre pienso que va a pasar lo peor, en realidad siempre me quedo a la deriva sabes, siento que ya no es lo mismo –

-Siempre dices lo mismo y francamente ya me estoy cansando de tu actitud mal agradecida con la vida, siempre es lo mismo! Nunca estas satisfecha con los colores, nunca te ves bien, siempre tomas la misma imagen trastornada de hace siglos…-

Acto unico  

Esta historia podría parecer algo divertida o entretenida para el público predilecto de Franz, los depravados. Es una dulce y tierna historia sobre el trastorno, sobre pecados, sobre cual es el mayor pecado, pecar y no arrepentirse o nunca haber pecado, Se sorprenderían si supieran los resultados de la encuesta, pero eso es otro tema…

Pienso que todo empezó cuando Franz era muy joven. Era un infante cuando en realidad todo comenzó, como siempre ocurre en este tipo de historias, historias que debido al pasar del tiempo se duda profundamente de su veracidad, historias que son contadas por los abuelos maliciosos a sus nietos una noche fría de vacaciones, historia generalmente enterradas en los subconscientes de los mas jóvenes tras largas noches de desvelo y que luego cobran vida de nuevo, debido a que alguien fue lo suficientemente estúpido e inescrupuloso para mencionarlas…una vez mas.

Lo que a menudo no nos damos cuenta es que esta vida, la que se vive está basada en hechos ficticios que queremos creer reales, la vida necesita creer en algo, sino se llena de mucha realidad y afecta el alma… Franz no tenía alma, no la tenía, su primera muerte cobro sentido cuando el solo contaba seis primaveras, fue una muerte torpe, violenta, sin sentido o por capricho, como ustedes quieran verlo, como les sea menos doloroso. Verán, de alguna manera yo estuve ahí, lo presencie, fue horrible, la pobre criatura ya no reconocía su propia voz debido a la profunda desesperación que sentía y que, por un error más medico que premeditado se prolongo durante varias ásperas horas.

La pobre criatura olvidaba su presencia en esta vida y rogaba por la compasión inusual de una muerte rápida, mientras un gigante aplastaba su cráneo con una roca, un acto realmente cruel, vil y egoísta, producto de un aburrimiento desconsolador, producto de una fatiga mental inconcebible, ¿locura?…no, todavía no llegamos a ese punto. Las pequeñas plumas revoloteaban alegres en el aire porque nunca antes se habían sentido tan vivas como en ese momento, su canto fue pulverizado y por supuesto la sangre no faltaba, tan roja como una de sus plumas del ala izquierda, pluma que me atrevería a decir que Franz se llevó a la tumba, pero en medio de esa absoluta y retrayente soledad en la que Franz se encontraba en sus años más relucientes, en medio de ese acto tan abominable pero tan inocente, existieron testigos… Una rosa y un clavel, las únicas vidas existentes además de Franz y la que fue del pajarito. Afligidas estaban las flores, condenada quedo su memoria y ciega su crueldad, algo tan hermoso como una rosa o un clavel quedo corrompido hasta el último pétalo por este acto tan atroz pero a la vez tan infantil, ¿locura? No, todavía no llegamos a eso.

Estas flores ya tenían muchos problemas con todo lo que ocurría en el mundo, el alza de precios, guerras, países en conflicto, las nuevas variaciones de flores que surgían ante la creciente proliferación de ciencias absurdas, etc., pero lo que más preocupaba a nuestra rosa y a nuestro clavel era la baja autoestima que poseía la rosa… nuestra rosa. Ahora bien, todos sabemos que el tema del autoestima esta bastante trillado, y que peor aun no hay mucho que hacer siendo amigo de una persona con baja autoestima, es como un virus, una enfermedad muchas veces sin cura en este mundo tan deprimente y egoísta.

Verán, es curioso que habiendo tantos problemas en el mundo siempre nos afecten los problemas propios o los problemas de los nuestros, por qué preocuparse por un niño que murió ayer, o hace dos segundos en otro país? El dolor no es tan compartido. Por qué preocuparse de que en cierto lugar del planeta no hay comida o agua o sentimientos? No, la vida es muy corta para pensar en problemas ajenos.

Nuestra rosa no se creía lo suficientemente roja para ser bella, no era lo suficientemente grande para ser importante, el viento ya no era el mismo, ya no refrescaba la tez de sus pétalos, la tierra ya era reprochable, era demasiado oscura y muerta, algo había en el aire que hacía que la rosa llorara todo el tiempo, y esto amargaba profundamente al clavel, que ya había perdido todas las esperanzas con la pequeña, había tomado demasiadas actitudes diferentes ante el caso y nada parecía dar  resultado, ya ni le hablaba, solo se limitaba a escuchar  los terribles llantos de su amada. La rosa estaba cansada a pesar de ser tan joven, se sentía horrible a pesar de ser la flor más hermosa del jardín ya que solo eran ellas dos y la tierra inerte, la rosa se sentía tan vieja a pesar de que solo tenía 4 días de nacida. Pero no, no piensen que la pobre rosa era solo una tonta que no apreciaba lo que la vida le regalaba, que no abría sus ojos un poco más y que era incapaz de pensar en otros; no, en realidad era difícil, en realidad necesitaba una especie de consuelo, una ayuda, algo que no estaba ni que iba a estar jamás, la fortuna había dejado de existir hace ya mucho tiempo para esta flor, y suplicaba que de alguna manera su miseria acabara, que de alguna manera no siguiera sufriendo, pensaba que ya era suficiente de sufrimiento y se culpaba por algo que no entendía. A pesar de las rotundas negativas del clavel, ella afirmaba que este iba a estar mejor sin ella, sus espinas no eran lo suficientemente largas para penetrar su corazón y clavel se negaba a regalarle una gran muerte súbita que la libraría de tanto dolor. Resignada al llanto, se mantuvo bajo la lluvia.

Una noche de gran violencia, asustada vio como un pajarito era infelizmente mutilado por gracia de un niño que parecía maldito, la furia de la rosa subió, su color se fue transformando al más puro de los rojos, casi negro, su cólera era intoxicante y ya no existían las súplicas ante tal violencia, solo existía el más profundo deseo de ayudar a ese pajarito, pero como? Era imposible, pero aun la impotencia no superaba la rabia y en este estado presencio la temible, descarada e impune muerte del pajarito, pero el horror no terminaba ahí, no, fue testigo de los actos siguientes, la rabia comenzó a aplacarse y a ser reemplazada por un miedo sin igual, los ojos de aquel niño representaban toda la maldad del mundo concentrada en un par de pupilas dilatadas por la demencia, el niño lloraba locamente, mientras un hilo de sangre ajena resbalaba por su franela, se acercaba cada vez más, cada vez más temeroso, cada vez más loco, cada segundo que pasaba era una eternidad consumida por el terror para ambas flores, y sin más espera, sin más remedio, la rosa presenció como arrancaron de raíz al clavel, fue horrible…su vida ya no estaba, se había ido, el cuerpo cayó inerte sobre las manos regordetas del pequeño niño. Rosa nunca había sentido aquel incesante y amargo dolor, era realmente incomparable, lágrimas inspiradas únicamente por la miseria caían sobre el cuerpo inerte que una vez atrapó al clavel. De pronto, esta bestia con zapatos desatados y la cara llena de tierra se acercó a la rosa, no había salvación, no había nada, solo la resignación y el arrepentimiento, ya ni siquiera importaba la piedad.

El niño Franz, la observó detenidamente, observó las gotas del rocío de la tarde sobre alguno de los pétalos de la rosa, no había visto algo más hermoso. El color profundo de los pétalos de esta flor cautivó al artista y lograron adormecer al tirano, al asesino, al despiadado. El niño bajó la mano y la rosa empapada en lágrimas esbozó un canto de alegría, un canto de esperanza, algo nuevo había surgido por dentro; se sentía confundida por sentirse alegre y llena de vida cuando hace segundos arrancaron a su compañero, pero ya no importaba, ya era solo cuestión de duelo.

Gracias Dios por dejar vivir a esta criatura, la depresión era ya cuestión del pasado, el pasado había sido abominable y el futuro prometía ser glorioso, gracias!!! Mil gracias!!!


Franz no era malo, era un niño como cualquier otro, y en ese momento estaba jugando al detective, al menos eso fue lo que le explicó a su horrorizada madre, resulta que aquel pajarito había sido encontrado culpable por el gran jurado del jardín trasero. El pajarito alegó su inocencia y defendió su caso como mejor pudo ya que era su único abogado. Explicó que moría de hambre puesto que venía de un largo camino y tenía ya tres días sin probar bocado alguno. La simple idea de un jugoso mango hacía que su piquito se volviera agua de tan solo pensar en aquel manjar. Explicó que el era un pajarito pero el hambre tenía cara de perro; juró que el le había pedido permiso al mango para tomar algo de su jugo. Juró que el mango le dio permiso. El mango era ya una fruta muy sabia, muy madura y la mala suerte intervino para que luego de consumir el tan ansiado manjar este cayera muerto al suelo, al menos, esto era lo que alegaba el pajarito.

Lágrimas cayeron de sus ojos cuando vio al mango tirado ahí en el suelo, muerto, sin vida, sin habla, su sabiduría ya estaba obsoleta y su gentileza ya se había ido, al menos esto fue lo que dijo aquel pajarito.

Era un jurado fuerte y apático y a pesar de que no le otorgaron la pena máxima (la muerte), si lo condenaron al corte de cola y plumas. El pájaro horrorizado pero con su frente en alto acepto el castigo, que iba a ser perpetuado por el detective del jardín trasero. No era una tarea fácil, pero Franz con la frente en alto aceptó. De esta manera el niño, tomó con suma delicadeza al pequeño e infortunado pajarito y lo colocó en un tronco. Sudor frío resbalaba por la frente de Franz; los testigos del caso, las únicas flores del jardín estaban atentas a lo que ocurría, pero no mucho porque una estaba colmada de indiferencia ante los problemas de su compañera y por esto estaba amargada y la otra estaba sumida en una total desgracia sin remedio alguno.

Ya llegaba la hora, Franz empuño una navaja antigua que su padre le había regalado de cumpleaños y se dispuso suavemente a cortar la cola del pajarito, lo más suave que este pudiera; pero como sabemos los grandes, la torpeza a veces actúa en las acciones más básicas de la vida, y Franz además de niño era un poco brusco. Lamentablemente se le fue la mano un poco y penetró el pecho del pajarito con aquel puñal. Más que horrible, la escena era lamentable. Franz empezó a llorar desconsolado y el pajarito no podía moverse, el color negro de su pecho se confundía con el color rojo de su sangre, tan rojo como una pluma de su ala izquierda o como el pétalo de la rosa. Era difícil esbozar palabra alguna con semejante dolor, no lo puedo imaginar, pero en un esfuerzo tremendo, el pajarito pudo hablar y Franz entre el inmenso dolor que sentía escuchó lo siguiente: “no llores, no es el momento, quédate tranquilo mi querido amigo, tu no has querido que esto pase, pero es inevitable, ya esta pasando, me duele, no sabes cuanto me duele, por favor vamos a terminar esto de una vez por todas, termina lo que torpemente has empezado y por favor, que mi sangre no haya sido en vano, sufre como yo sufro y olvida como yo lo hago”

Franz no sabía que hacer, después de todo, era un estúpido niño con manos regordetas y una gran imaginación. Esto se había complicado mucho y era hora de actuar, poner fin al dolor del pajarito y calmar los nervios. Franz totalmente convertido en otra persona tomo lo primero que vio, una gran roca que apenas cabía en sus manos, una última mirada a los ojos del pajarito bastó para hacerle la despedida más honorable que las circunstancias permitían. La primera vez no tuvo ni la valentía ni la disposición para atinar un golpe definitivo, así que de ahí en adelante fue todo un desastre, sangre, plumas, lágrimas, llanto… Finalmente todo acabó. Franz trastornado, llorando y cansado dejó el cadáver en el tronco y fue camino a su casa para descargarlo todo en un llanto escondido. A medida que iba caminando, pensó que era realmente importante que nadie se enterara del asunto, así que no podía dejar testigos, aunque nadie había visto lo que había pasado: solo el y su cruenta víctima. Las frutas no tenían ojos, ni aquellas dos flores de su abuela, pero, su abuela siempre le dijo que las flores eran como personas, mas de una vez Franz había visto a su abuela hablando con las plantas, las flores aunque era cierto que no veían, si escuchaban y sobre todo sentían. Lamentándolo por su abuela y por su conciencia se dispuso en una amenazadora caminata de diez pasos, probablemente los diez pasos más largos que había dado en su vida y sin piedad tomó el clavel y lo arrancó de raíz, metiéndolo en su bolsillo.

Luego contempló la rosa, admirando su belleza y tratando de pensar que diría su abuela cuando ya no viera su mas preciada flor, la examino por unos segundos más hasta que se dio cuenta que su imaginación era mucho más poderosa.
icho.

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