lunes, 10 de enero de 2011

Una religión atípica: la historia del lago de plata (primera parte)

Hace algún tiempo conocí a una persona muy especial, se mantenía tranquilo y callado, respiraba con una calma precisa y emanaba cierta sabiduría bohemia y a la vez técnica, se sentó en un banco del parque y con su mirada trataba de analizar el viento, era un ser bastante extraño, alguien atípico.

Parecía estar conforme con el tiempo que le quedaba, con las situaciones que había vivido, con su presente y con su pasado, esta persona aparentaba confianza, serenidad y amabilidad, yo trataba de ser discreto y simplemente mirar lo que hacía mientras el no veía, pero de pronto me vio y grito:

-ven y te cuento mas de mi

Yo simplemente me quede parado observándolo y por un momento me dije a mi mismo que seguramente no estaba hablando conmigo

-si, es contigo, ven y no tengas miedo!

Poco a poco me le acerque hasta que llegue a una distancia que para mí era considerada como “prudencial”, el hombre sonrió.

-no tengo armas, solo tengo mi amor, ven y te cuento mi historia

No tenía la mas mínima idea de que estaba pasando, pero había algo que me obligaba a acercarme cada vez más a él, sin darme cuenta estaba sentado en el mismo banco, justo a su lado derecho.

-que quieres que te cuente primero?-dijo él con una sonrisa bondadosa
-no tengo idea de que me contarías de ultimo de todas maneras así que puedes contarme cualquier cosa- respondí un tanto nervioso.

Este ser sonrió mostrando sus dientes, ligeramente amarillentos producto del café que estaba tomando y que seguramente tomaba todos los días, pensé.

-Mi nombre es como tú quieras llamarme-.
-como es eso?-. Pregunte aun mas confundido
-no tengo un nombre en especifico- respondió con la misma sonrisa, -soy quien tu quieres que sea-.
-José?-. Le pregunte

El se encogió de hombros y me dijo: -si quieres llamarme José está bien, pero me parece muy repetido-.

-ok…te llamare caballero laser- dije un poco emocionado
-que edad tienes? Diez?- Pregunto serio.

En seguida me disculpe y le dije que como quería llamarse, el me volvió a decir que él se llamaba como yo quisiera, que dentro de su religión los seres somos totalmente libres y por eso tenemos distintos nombres, tantos nombres como mentes hayan, le pregunte entonces que de que religión era y me dijo que se trataba de una religión que había nacido hace millones de años, me dijo que todo comenzó con el descenso de la flor de plata, la flor de plata había sido creada con un solo propósito, el unir a todos los seres humanos para enseñarles el verdadero camino y luego embarcarlos en un viaje cósmico a través de nueve mil galaxias, para finalmente llegar a el mundo prometido o el mundo venial, como era conocido por todos los que practicaba esta religión.

La flor de plata había sido creada por estos seres minúsculos llamados bilos, los vilos eran los trabajadores ancestrales del mundo venial, su único trabajo era construir una flor de plata cada dos siglos, para esto los bilos tenían que ir al monte Sepius, un monte lleno de oscuridad y muerte, la muerte de los bilos que habían tratado pero no lo había logrado, una vez pasado el monte Sepius deberían escalar la gran torre de hielo negro, ubicada al norte de este espeso y misterioso monte, la gran torre de hielo negro media más de dos mil kilómetros y era uno de los peligros mas amenazantes de su trabajo, una vez en la cumbre de esta torre helada, tenían que nada en sulfuro rosado hasta llegar a la isla que queda dentro de esta gran cumbre, en esta isla existe un lago de plata liquida que surge de una gran cascada, la cascada sagrada del oriente.

La plata liquida se extrae con unos baldes de madera mágica, hechizada por Serium, el gran mago negro, su magia era la más poderosa de todas y estaba llena de sentimientos puros.

Este hombre se reclino en el banco y con un sorbo de su gran taza de café continuo hablando, en este momento me di cuenta de que estaba en compañía de una de esas personas que pasan por tu vida con una frecuencia única.

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